Por Dani de Con / Foto: Héctor Barrera
Al ingresar a Rioma, uno de los antros de electrónica emblemáticos de la ciudad, lo primero que resalta es la fotografía en la barra del dueño original del establecimiento: Cantinflas, quien abrió décadas atrás un restaurante en este lugar, quién lo diría.
Exóticas bellezas suelen verse por aquí: chavas en minishort o vestido, con botines que dejan ver sus largas piernas, y de largas cabelleras que tanto gustan a los hombres. Pelirrojas, güeras o castañas, muy sexys todas. También hay muchos hombres, bigotones y atractivos, vestidos con chamarras de piel, muy choppers, y otros más relajados, con una simple sudaderita. Entre las mesas se conocen, se saludan y chocan vasos.
La madrugada extiende sus dominios y nadie deja de mover el piecito ni de dar chasquidos: es un espacio electrónico donde se viene a bailar hasta el amanecer. A la entrada está el DJ, que más que un mezclador de música parece una especie de dios, al que todos alaban; a su alrededor todos mueven el esqueleto, muy proyectados. Nada de que la pena los invada para aplicar sus mejores pasos al ritmo del house, deep lounge y derivados del género. Lo curioso es cómo ven al responsable de programar la música: hasta parece un Mesías con sus fieles seguidores, quienes lo acompañan con el beat que impone, y al que –literal– todos ven para arriba.
La fiesta en Rioma es fuerte; claro, no se puede esperar menos de los capitalinos más fiesteros, que tras sacarle el brillo a la pista, salen a Insurgentes resignados a sufrir el vampirazo y a entregarse a la cruda, que posiblemente empiecen a curar con un jocho de afuera, mientras esperan sus coches y la llegada a su cama.
Rioma
Insurgentes 377, Condesa.
Tel. 5366 6593.
Vie. y sáb., a partir de las 23:00.
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