
Paredes de ladrillo de donde cuelgan cabezas disecadas de cabras monteses -emblema del lugar- y pisos compuestos por durmientes ferroviarios componen los rústicos acabados, que combinados con enormes libreros de madera y el tino de sus decoradoreses le imprimen un relajado aire cool.
En este entorno se disfrutan los tacos de codorniz, pichón y pato, así como de rib eye, jabalí, venado y conejo, además del pescado al pastor; su short rib cocinado por 48 horas, servido sobre una cama de puré de papa y aros de cebolla, y una gustada hamburguesa con blue cheese.
El ambiente de sofisticación que se respira en este lugar de la glorieta de las Cibeles no está reñido con ponerse un saco encima de la camiseta y amarrarse las agujetas de los tenis antes de entrar.