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Tepotzotlán: ¡Artesanías, museos y arquitectura!

Las calles empedradas, la imponente fachada churriqueresca del Templo de San Francisco Javier y el colorido paisaje que forman las decenas de puestos del tianguis de artesanías hacen de Tepotzotlán un destino exquisito para todas las edades y gustos. El sincretismo histórico, marcado por la evangelización jesuita, permea el ambiente y se mimetiza principalmente en la arquitectura, ejemplo de ello es la cruz atrial que reposa sobre una serpiente: ¿el triunfo de Dios sobre el demonio? o ¿los cuatro puntos cardinales de la cosmogonía indígena protegidos por Quetzalcóatl, serpiente de plumas preciosas?

El señorío independiente de Tepotzotlán (del náhuatl lugar de jorobados) se fundó en 1460, sus primeros pobladores fueron los otomíes. Te invitamos a descubrir sus enigmáticos encantos.

  1. El museo del virreinato

Ubicado en el centro de Tepotzotlán se erige como la joya de éste pueblo mágico. Su majestuosa fachada nos sedujo para viajar en el tiempo e imaginarnos un día en este Colegio de novicios de la Compañía de Jesús. Fue una de las construcciones más opulentas construida desde 1580 que albergó, además del noviciado, una escuela para niños indígenas y un colegio para padres jesuitas. Actualmente se le considera como el único museo que difunde la historia y cultura del período novohispano.

En sus aulas los novicios aprendieron mazahua, otomí y náhuatl. Entre los alumnos distinguidos se encuentran Carlos de Sigüenza y Góngora y Francisco Xavier Clavigero, en cuyo honor se ha nombrado la biblioteca de la Universidad Iberoamericana. Cuentan que tras la expulsión de los jesuitas (1767), el colegio entró en decadencia económica, fungió como lugar de retiro para sacerdotes y enfermos y cárcel para clérigos que cometían delitos. En1964 abrió sus puertas como museo.

Sus paredes albergan 11 retablos pintados por maestros como Miguel Cabrera, Cristóbal de Villalpando o Juan Correa y 34 mil piezas de plata, porcelana, vidrio, textiles y hasta una biblioteca con libros raros. Entre los objetos más importantes se encuentra el Pantocrator (Cristo, Salvador del mundo), que combina el arte prehispánico plumario con la iconografía cristiana. Los espacios del museo incluyen las celdas, la botica, el herbolario y la cocina. Mi lugar favorito es la huerta, imagino a esos niños indígenas jugando por ahí intentando incorporar en sus pequeñas mentes y corazones la riqueza de ambos mundos.

  1. Los Arcos del Sitio

Siguiendo los pasos de la Compañía de Jesús nos dirigimos al espacio más divertido, los Arcos del Sitio, obra concebida como un acueducto para llevar agua del río del Oro que nace en el Monte del Pinal hasta la Hacienda de Xalpa. Tiene un total de 56 arcos, una longitud de 438 metros y se le considera el más alto de América Latina.

ctualmente es un parque ecoturístico lleno de adrenalina. El primer recorrido obligado es a los Arcos del Sitio, para disfrutar de su majestuosidad. De ahí nos dirigimos hacia los puentes colgantes que emergen entre el bosque y pasan sobre un pequeño arroyo, claro previo a disfrutar la vista desde los miradores. Algo que nos llamó mucho la atención fue que sobre el camino hay distintos señalamientos y datos curiosos escritos sobre piedra y mimetizados con el entorno de los arcos que buscan hacer conciencia ecológica: “¿Sabias que un litro de aceite contamina 1 millón de litros de agua?”

Después del recorrido en el acueducto, hay quienes se aventuran a experimentar alguno de los tramos de la tirolesa: el más corto es de 180 metros y el más largo de 260. Al ver como se pierden esos viajeros entre la maleza, recordé un dato: “una persona consume diariamente el oxigeno generado por 22 árboles.” Al ser así, Los Arcos del Sitio ofrecen una oxigenación inmejorable, sobre todos para quienes venimos de la ciudad. Para los más pequeños el lugar favorito son las albercas y los juegos infantiles. Los paseos a caballo también tienen su encanto.

El parque está dotado con asaderos pero si éste no es tu estilo puedes disfrutar de una rica pancita, un caldo de hongos o unas quesadillas en la zona de comida. Al caer la tarde el lugar, iluminado con lámparas de celdas solares, se convierte en un espacio perfecto para descansar por lo que decidimos hospedarnos en una de las cabañas para recuperar energías y disfrutar, al día siguiente, del recorrido obligado al mercado de artesanías.

  1. El Mercado de artesanías

Los sábados y domingos la Plaza Hidalgo se convierte en una gran vendimia gracias a su tradicional tianguis. Pudimos disfrutar de obras de arte, degustar micheladas, comer gorditas de pan de nata recién hechas, y deleitar nuestra pupila con la diversidad de artesanías propias del lugar: esculturas en piedra pómez, artículos realizados con la piel de conejo, tejidos y deshilados maravillosos en blusas, vestidos, ropa de cama e incluso hermosos accesorios para el cabello.

Dentro del Mercado hay puestos establecidos de artesanos que tienen una treintena de años trabajando escultura en madera, herrería, objetos con influencias prehispánicas, pirograbado, vidrio y papel. Muchos locales tienen su reconocimiento oficial extendido por el H. Ayuntamiento con el que avalan que sus productos son genuinamente “Hechos en Tepotzotlán

Por la tarde noche también es imperdible caminar por lo portales, disfrutar de la iluminación, de la música y si así lo deseas tomar algo en un rinconcito aledaño que te coqueteé. Nosotros tomamos un café en el Quintal y lo acompañamos con una crepa muy, muy recomendable.

Fotografías: Paulo Vidales 

Tip carretero

Si viajas desde el sur de la ciudad puedes ahorrar tiempo y gasolina tomando la Autopista Urbana Norte, que va desde el Eje 5 San Antonio hasta Naucalpan, y que continúa con el Viaducto Elevado Bicentenario (ambas vías de OHL México), éste te llevará directamente a la carretera que llega a Tepotzotlán.

 


Escrito por: Clara Sánchez

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