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Cine y TV

La Camarista: lo bueno, lo malo y lo feo

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Por fin llega el estreno de La Camarista, la película mexicana de lo que todo el mundo habla en las listas de lo mejor de 2019 en lo que va del año


Escrito por: Alejandro Alemán
La Camarista: lo bueno, lo malo y lo feo

La Camarista, primer largometraje de la directora y actriz Lila Avilés, es una de las óperas primas más celebradas recientemente en el cine mexicano. Con ocho premios en los que se incluye el Ariel de Plata, el Ojo a la mejor ópera prima en el festival de Morelia y la mención especial en el Festival de Palm Springs, La Camarista finalmente llega a la cartelera comercial donde iniciará la prueba de fuego en el gusto del público mexicano.

¿Realmente es tan buena?, ¿merece verse en cine? Aquí te lo decimos.

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LO BUENO

 

Hace visible una oficio invisible

Casi por definición, la camarista de un hotel es una persona cuyo trabajo debe de lucir, pero quién lo ejecuta debe pasar desapercibida. Es muy bonito regresar a tu habitación y que todo esté de nuevo ordenado, como por arte de magia. Pero no hay tal, detrás de esa cama tendida y de los rollos de papel de baño dobladitos de las puntas hay seres humanos. En La Camarista no solo conocemos a esos seres humanos sino que nos asomamos a la forma de trabajo, las presiones que tienen, las jornadas laborales. Es visitar un mundo que usualmente se vuelve invisible a nuestros ojos.

 

La dinámica de un hotel

Uno de los aspectos más interesantes de esta película es conocer la dinámica con la que opera, siempre detrás de nosotros y sin que nos demos cuenta, un hotel. Es como si se tratara de una extraña nave espacial donde su tripulación debe pasar desapercibida: las camaristas hablan en código, trabajan de prisa, tienen una técnica para dejar las camas sin arrugas, las almohadas pachoncitas, los baños impecables. La película por momentos es casi un documental sobre las camaristas.

 

Las actuaciones

Gabriela Cartol interpreta a Eve, una tímida camarista, retraída y sin amigos. Lo hace espectacularmente, con una actuación contenida que poco a poco se va abriendo conforme la historia avanza. Pero probablemente la gran revelación es Teresa Sánchez como “La Minitoy”, mujer que es todo lo contrario a Eve: dicharachera, relajienta y alegre. Ella es el punto de quiebre de la película, y es la responsable de los momentos de humor. Ambas son una pareja entrañable.

 

LO MALO

El ritmo

Sin música, con tomas fijas, muy pocos movimientos de cámara y en muchas escenas incluso no hay diálogo. No estamos frente al clásico slow cinema mexicano, pero es definitivo que el ritmo (sobre todo al inicio) es lento. Eso no quiere decir que la película sea complicada o difícil de asir, pero es un hecho que va pausado y poco a poco agarra ritmo.

 

Visualmente monótona.

Entendemos que parte del discurso es mostrar a los hoteles como lo que son: espacios impersonales, asépticos, neutros. Por ello la cámara de Carlos Rossini, si bien efectiva, emula esa monotonía de los espacios comunes de un hotel. Lo malo es que la cinta se vuelve visualmente monótona. Entendemos que era la idea, pero luego de una hora se puede volver un poco tedioso ver los mismos encuadres, los mismos colores, etc. 

 

LO FEO

Las comparaciones con Roma, innecesarias por donde se vean. No porque ambas hablen de mujeres que hacen el aseo hay una tendencia o se trata de películas hermanas. Absolutamente nada qué ver. 

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