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Sobre cómo perder el miedo y regresar el ánimo a la ciudad.

Por: Donde_Ir 27 Sep 2017
Sobre cómo perder el miedo y regresar el ánimo a la ciudad.

Necesitamos reactivar la ciudad y no tener miedo a disfrutar de nuestra vida en medio de la tragedia. Te decimos por qué no sentirte culpable. #RenaceCDMX


Hoy iba caminando por las calles de Polanco y en todos los periódicos y las televisiones a donde volteaba había imágenes de los escombros en la ciudad. Solo cambiaban de ubicación: de Zapata y Petén a Álvaro Obregón, de Ámsterdam a Gabriel Mancera.

Me sentí agobiada de tener que seguir viendo las mismas escenas una y otra vez sin escape. Jamás creí que yo, alguien que consume información como si fuera agua, me pudiera sentir saturada. Estoy abrumada y agotada de la cantidad de información sobre el sismo, sobre dónde, cómo, por qué ayudar, dónde donar, quién se está robando los víveres, etc. Seguro no estoy sola. Pero a una cuadra de mi destino me detuve en un puesto de dulces; quien lo atendría era un joven de unos trece o catorce años y estaba viendo un partido de futbol en su celular. Qué alivio olvidarse de la tragedia por un rato.

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La ayuda también requiere silencio

No tiene nada de malo desenmarcarse del desastre y querer disfrutar del futbol. ¿El niño va a olvidar lo ocurrido en el sismo por ver el partido? Definitivamente no. En cambio, sí es un síntoma sano de que la vida continúa: la gente tiene que seguir trabajando para pagar cuentas. Esto no nos hace menos empáticos, ni a mí por querer alejarme de las imágenes de devastación, ni al niño por ver el futbol.

Todo esto sucedió después de que vi una publicación en Instagram que cito: “Mexicanos, en estos momentos no nos interesa ver sus posts de vacaciones y rutina. Usen las redes para ayudar o sean empáticos”. Me tardé unos minutos en entender si este mensaje era en serio. ¿De verdad esta persona está exigiendo lo que quiere ver en redes?, ¿Está exigiendo empatía? ¿Que no la condición primera de la empatía es que no se puede forzar?

La realidad es que esta tragedia de pronto desató una autoridad moral en miles de mexicanos (sobre todo capitalinos) que ahora creen tener derecho de juzgar, avergonzar o minimizar a quienes no han ayudado con pico y pala, con casco y guantes. A los que han brindado ayuda activa, estando en las calles, desvelados, rescatando y recolectando, infinitas gracias. El país y la ciudad no se levantaría a la misma velocidad sin ustedes. De eso hay fotos y evidencia para los libros de historia. Pero no toda la ayuda siempre se da entre los escombros. Y está bien. Está bien no estorbar a quienes sí ayudan activamente. Está bien sentirse superado y frustrado por los acontecimientos. El proceso de recuperación, como sucede en toda desgracia, también requiere de silencio de vez en vez, de retirarse a ratos de la vorágine de información, de hablar de otros temas, de auto-empatía, y de abrazar y disfrutar a quienes queremos.

 

Apoya a estos restaurantes que han abierto después del sismoSobre cómo perder el miedo y regresar el ánimo a la ciudad. 1

No pidamos perdón por nuestras (pequeñas) alegrías

Dejemos que cada quien ayude como considere prudente, sin superioridad moral. Dejemos que la gente siga colectando víveres, o cantando el “Cielito lindo” para reavivar los ánimos. Dejemos que la gente procese los eventos y guarde silencio si así desea. Dejemos que sonría y festeje sus cumpleaños también. No pidamos perdón por nuestras pequeñas alegrías. No dejemos que la culpa de sobrevivientes se apodere de unos y se refuerce con la opinión de otros, o que el temor nos impida disfrutar.

Parte de la ayuda también viene en forma de apapacharnos e ir a trabajar y a cenar sin pánico. Seamos sensibles con la desgracia, las víctimas y los esfuerzos que aún continúan, pero también se vale continuar con la vida, cada quien a su ritmo, y esperar lo mejor. Porque eso sí, queremos que todo sea mejor para esta ciudad que tanto amamos.

Decía Rulfo en su cuento El Día Del Derrumbe, que tras el caos (o más bien en medio del caos) aún así “todos se sentaron, enderezaron otra vez las mesas y siguieron bebiendo ponche y cantando la canción esa de las “horas de luto”. La empatía con el infortunio no está peleada con la felicidad propia. El ánimo, como la tristeza, también se contagia poco a poco.

Conoce a los fotógrafos que han retratado a los voluntarios y la solidaridad de CDMX

 

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