
En Tlalpujahua, visita el Museo de la Esfera y conoce la historia de esta artesanía que ha dado identidad, trabajo y encanto navideño al Pueblo Mágico.
Si todavía no han visitado Tlalpujahua, este Pueblo Mágico es como vivir en una eterna primavera, pero con corazón navideño todo el año. Más allá de sus famosas villas navideñas hay un rinconcito que casi nadie menciona y que vale muchísimo la pena: el Museo de la Esfera. Aquí pueden descubrir cómo este pequeño pueblo convirtió las esferas artesanales en parte esencial de su economía y en una tradición que ha pasado de generación en generación. Sigue leyendo Dónde Ir para enterarte de todo.
La historia de las esferas en Tlalpujahua es mucho más fascinante de lo que imaginan. Todo comienza cuando Joaquín Muñoz Orta llega a México y se casa con María Elena en 1955. Poco después, entre 1957 y 1960, el pueblo enfrenta una crisis enorme: cierra la mina Dos Estrellas y Tlalpujahua prácticamente queda abandonado. Pero justo en ese momento, María Elena Ruiz Villagrán y su esposo deciden traer al país la técnica artesanal de las esferas y enseñarsela a la gente de su tierra.
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Empezaron desde cero, primero vendiendo sus piezas en San Antonio y luego llegando hasta Nueva York y a gran parte de Estados Unidos, donde sus esferas eran un éxito total. La demanda creció tanto que su taller llegó a tener más de mil trabajadores y se convirtió en la quinta productora de esferas más grande del mundo y la primera en Latinoamérica.
Con el tiempo, la fábrica cayó en quiebra sobre todo por la llegada de productos chinos más baratos, pero en lugar de desaparecer, el oficio se dispersó por el pueblo: los mismos trabajadores siguieron creando desde sus casas. Por eso hoy se calcula que hay alrededor de 150 talleres formales y más de 400 espacios familiares donde se siguen elaborando esferas y adornos navideños, sosteniendo a miles de familias. La tradición simplemente no murió; se multiplicó.
En el Museo de la Esfera, dentro de la villa Claus, pueden ver parte de esta historia: esferas antiguas, diseños que han evolucionado desde los años 60 y piezas tan importantes como las que alguna vez adornaron la Capilla Sixtina, la Casa Blanca o el árbol principal del Vaticano. Lo más especial es ver el trabajo de los artesanos: cómo soplan el vidrio caliente para darle forma, cómo decoran a mano y cómo mantienen vivos los colores clásicos de la Navidad como el rojo, verde, blanco y dorado.
Junto con nuevas tendencias, tonos pastel y motivos de mariposa monarca. Y así, gracias a estas manos que no han dejado de crear durante más de seis décadas, Tlalpujahua sigue siendo conocido como el pueblo de la eterna Navidad.
Después de recorrer las villas navideñas y perderte entre luces, colores y aroma a temporada, el Museo de la Esfera se vuelve ese rinconcito donde todo cobra sentido. Ahí es donde descubres cómo este pequeño pueblo mágico convirtió una crisis en una oportunidad y terminó construyendo una tradición que hoy sostiene a cientos de familias. Es un lugar que te hace valorar aún más cada esfera que cuelgas en tu árbol y que te recuerda por qué Tlalpujahua sigue siendo, año tras año, el verdadero pueblo de la eterna Navidad.
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