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Pátzcuaro, el eterno encuentro de dos mundos

Por: Donde_Ir 22 Feb 2019
Pátzcuaro, el eterno encuentro de dos mundos

Huimos de la CDMX y viajamos a vivir la experiencia de Día de Muertos en Pátzcuaro. Lo que miramos, comimos y gozamos no tiene igual, ¡debemos volver!


 

Vivimos de cerca el día de muertos en Pátzcuaro, una bella zona del estado de Michoacán donde la cultura purépecha vive siempre el dicho de que no hay peor muerte que el olvido.

 

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Vivir el Día de Muertos en Pátzcuaro debería ser un “to do” que todo mexicano debería tener en su lista de actividades que hacer antes de ser anciano. Se trata, sin duda, de una de las tradiciones más hermosas que se conserva en nuestro país y que los purépechas, comunidad residente de esta zona de Michoacán y guardiana de esta fiesta milenaria no cede ante el avance de otras costumbres e ideologías.

Tras poco más de tres horas de camino, el ver la imponente laguna de Cuitzeo a un costado de la Autopista Morelia – Guadalajara, despertó en mi una emoción nostálgica que me recordó mis vacaciones cuando niño en Lombardía, el pueblo natal de mi madre y donde conservo los mejores recuerdos de mi abuelo, maestro panadero a quien ví en muchas ocasiones haciendo pan en su enorme horno de piedra (y de quien en estas fechas extraño mucho su pan de muerto). Así que estar en mi estado por adopción y herencia para esta fiesta significa un homenaje a mis muertos… y a los tuyos también.

Vivir Día de Muertos en Pátzcuaro fue una experiencia única

Para mi sorpresa, la primera parada al llegar a la ciudad de Morelia fue en la Central de Abastos (también conocida como “Mercado de Abastos”) donde fuimos recibidos con una gentileza muy singular por Arturo Cortés, dueño del local de las famosas Carnitas Cortés, evidentemente hechas al estilo Michoacán. No es difícil imaginar lo increíble que se ve entrar a su local y ver cuatro cazos de cobre (hechos por un artesano en Santa Clara del Cobre) donde se llegan a preparar hasta 800 kilos de – sensuales – carnitas.

Día de Muertos en Pátzcuaro

Además de ser sumamente barato ($180 pesos el kilo con salsas, limones y tortillas hechas a mano incluídas), el plus de Carnitas Cortés es que la carne es traída desde su propio rastro donde el trato, según el mismo Arturo, es lo más dignificante posible para el animal. Todo esto registrado ante Salubridad y la Sagarpa (acoto debidamente registrada). Supongo que todo esto ha permitido que tanto su local, como la carnicería ubicada a un costado, siempre esté repleta. Así que lo garantizamos.

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Para el postre nos montamos a la aventura por las calles en proceso de remodelación de la capital michoacana (para no extrañar CDMX) y llegamos a ‘Órigo’, una panadería de origen donde fuimos atendidos por Pietro Lamda, un joven italo-mexicano que se dedica a la producción de harina de trigo con bajas cantidades de gluten, azúcar, sin grasas y… bueno, el paraíso gourmet para los que amamos el pan en cualquier presentación, incluída la deliciosa baguette de maíz azul que me dejó enamorado.

Día de Muertos en Pátzcuaro. Panadería Origo. Foto: Abner Vélez Ortiz

‘Origo’, ubicado en Boulevard García León 936 en la Nueva Chapultepec, es una empresa socialmente responsable en todos los sentidos, pues la calidad del pan, que realmente es muy sano debido a su proceso de preparación, es amable con la cartera y realmente apapacha el paladar. Además de que ha generado cerca de 40 empleos y de boca en boca se ha convertido en un referente para los habitantes de la ciudad (Pietro, si lees esto, ¡llega pronto a CDMX por favor!).

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Con la panza llena y el corazón contento, y con un singular retraso para trasladarnos, llegamos al filo del anocher a la comunidad de Pátzcuaro donde vimos el privilegio de observar cómo el sol se ocultaba tras las montañas y este milagro natural pintaba las aguas del lago de un hermoso tono azul. Aquí, el ambiente se siente sumamente festivo y la verbena popular apenas comienza. Visitamos ek Centro Cultural Antiguo Colegio Jesuita (Casa de Cultura) de la comunidad, vecina al Templo de la Compañía, donde observamos las piezas participantes y ganadoras del Concurso Estatal de Artesanías. Bellísimos tallados en madera, ropa hecha en telar, pinturas, trabajo de violines y guitarras y hasta eso, a buen precio.

Día de Muertos en Pátzcuaro. Templo de la Compañía. Foto: Abner Vélez Ortiz

Caminamos por las calles empedradas mientras veíamos catrines y catrinas caminar por ellas, algunos niños se nos acercan a pedir el “quinto a la calavera” (‘orita no, joven, les contesto) y otros cantan al ritmo de música de banda. Entramos a la Casa de los 11 Patios, que hoy tiene sólo cinco y es un mercado de artesanías y luego tomamos camino rumbo a la Plaza Cívica Quiroga, donde me compré un increíble morral de lana por $180 pesos y que uso para guardar mi “ofrenda” que daré un par de horas más tarde.

Todos están bajo el cobijo de Curicaveri, el dios sol, y padre de todo

La noche apenas comienza y la gente lo sabe. Las calles abarrotadas y los conductores deseosos de entrar en ellas, sí o sí, hacen sumamente pesado el traslado hacia Tzintzuntzan, sin embargo, lo logramos. De acuerdo con la cosmovisión purépecha, los difuntos se encuentran en otro plano donde viven exactamente igual que nosotros y conservan absolutamente todo pero, conviven con los dioses y, evidentemente, es un lugar mejor. Todos están bajo el cobijo de Curicaveri, el dios fuego, y padre de todo.

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Esta fiesta de Día de Muertos en Pátzcuaro, ya sincretizada con las tradiciones católicas, esconde la celebración del comienzo de un nuevo ciclo en el que las almas vuelven a nuestro plano a bendecir las cosechas y, además, traen mensajes de los dioses. Es pues, la fiesta de los nuevos comienzos.

La belleza y atmósfera de esta comunidad dista mucho de ser fúnebre o triste, en realidad se trata de una gran fiesta. Las tumbas están hermosamente ataviadas según el presupuesto de la familia. Las velas, que hacen alusión de la compañía y protección de Curicaveri, permiten que no sea necesario el uso del flash de las cámaras para andar por el lugar. La imponencia del paisaje deja con la boca abierta a más de uno y… ¡cómo no amar estas tradiciones tan nuestras!

Día de Muertos en Pátzcuaro

El recorrido tenía que seguir y tras platicar con algunas familias sobre sus muertos y el por qué decidían estar ahí en esta fecha tan particular, emprendemos el viaje a la comunidad de Santa Fe de la Laguna, también establecida por Tata Vasco donde nos espera una tradición distinta.

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Aquí los muertos yacen en el panteón que se encuentra dentro del atrio de la iglesia local y no pueden ser velados esta noche, así que las ofrendas se colocan en casa. Sin embargo, hay algo particular con ellos, se elige al “muerto del año”, personaje que murió en el último año que hizo algo positivo por la comunidad y se le honra con una ofrenda porque es digno de recibirla (recordemos que son mensajeros de dios).

Día de Muertos en Pátzcuaro

De este modo, entramos a la casa de la familia Benítez Hernández donde saco de mi morral, que compré en Pátzcuaro, un par de velas y las deposito en esta enorme ofrenda que en verdad es monumental y está plagada de frutas, panes, cirios y flores. Fuera de esta casa está la familia reunida con unos tequilas encima, ya es casi las dos de la mañana y es justo, porque el frío calaba los huesos.

La comunidad de Santa Fe se reúne con la familia para analizar el legado de los fallecidos así cómo qué está haciendo uno mismo para dejar algo que proteja y trascienda en este plano

Caminamos un poco más y llegamos a la casa de Guadalupe Hernández, cocinera de la comunidad reconocida internacionalmente como guardiana de la tradición culinaria de la zona. Quien nos explica, tras ofrendar veladoras, que esta fiesta – la Fiesta de los Huesos -, es una noche en la que la comunidad de Santa Fe se reúne con la familia para analizar el legado de los fallecidos así cómo qué está haciendo uno mismo para dejar algo que proteja y trascienda en este plano. La solemnidad de esta charla es asombrosa y todos prestamos atención antes de trasladarnos al comedor.

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Por tradición, se ofrece una cena especial que consiste en un plato de pozole de maíz rojo, único en su tipo y que sólo se siembra en la orilla del lago, con carne de puerco que destaca por la ausencia de grasa, pues al ser tradicional, el aceite y las mantecas no tienen cabida en esta cocina. Se acompaña con un tarro de atole de chocolate sin azúcar (sin embargo, con un gran sabor) y a suerte de postre, un uchepo, una suerte de tamal de maíz dulce, bañado con crema y queso. ¡Una verdadera delicia!

Día de Muertos en Pátzcuaro

A la par me bebí unos tragos de tequila, también parte de la tradición, y son suficientes para desconectarme. El recorrido, más no la fiesta, ha terminado por hoy, y mientras mis pensamientos se unen al recuerdo de mis abuelos y amigos fallecidos para encontrarse con ellos, caigo rendido no sin antes agradecer a Dios, a Curicaveri o a quien usted quiera, la oportunidad de disfrutar este magnífico evento, de tener estas raíces michoacanas arraigadas en mi corazón, de simplemente ser mexicano.

Espero volver, como los difuntos, volver pronto.

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