
Cuando el silencio cubrió Chichén Itzá durante la pandemia y los turistas desaparecieron de uno de los sitios arqueológicos más visitados del mundo, dos perritos comenzaron a acompañar diariamente a custodios y trabajadores entre templos, senderos y plazas mayas.
Sus nombres eran “El Wero” y “Tomasita”.
Ahora, años después, la emotiva despedida de ambos lomitos se volvió viral y tocó el corazón de miles de personas que siguieron su historia en redes sociales.
La historia fue compartida por José Antonio Keb Cetina, custodio de Chichén Itzá, quien publicó varios mensajes recordando cómo los animales se convirtieron en compañeros inseparables durante el confinamiento.
Según contó, aunque siempre hubo perros rondando entre las ruinas mayas, “El Wero” y “Tomasita” lograron ganarse el cariño de trabajadores, artesanos y visitantes.
Especialmente durante los meses más difíciles de la pandemia.
José Antonio recordó que “El Wero”, también conocido como “Chucho”, comenzó a acercarse desde 2019.
Pero fue durante el encierro cuando terminó integrándose completamente a las caminatas y recorridos diarios dentro de Chichén Itzá.
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En su relato, compartido originalmente en Facebook, el custodio recordó que el perro incluso lo acompañaba hasta el templo superior de Kukulkán durante las inspecciones.
“Era un perrito tranquilo”, escribió.
También contó que uno de los recuerdos más fuertes ocurrió cuando “El Wero” se quedó observando el horizonte desde lo alto del templo, inmóvil y en silencio, como si presintiera algo.
“Tomasita”, conocida cariñosamente como “La Negrita Tomasa”, tenía una personalidad más reservada.
De acuerdo con el relato de José Antonio, solía acercarse a la hora de la comida y descansaba cerca de las placas informativas del sitio arqueológico.
Mientras los turistas desaparecieron durante el confinamiento, ella y otros perros comenzaron a esperar diariamente la llegada de comida por parte de trabajadores y vecinos.
El custodio recordó que panaderías y carnicerías locales ayudaban donando pan y huesos para alimentar a la pequeña manada que recorría Chichén Itzá.
Con el paso del tiempo, ambos perros comenzaron a enfermar.
Según explicó José Antonio, “El Wero” padecía un tumor y su estado de salud empeoró gradualmente.
Tiempo después llegó la noticia que rompió el corazón de quienes convivían con ellos: tanto “El Wero” como “Tomasita” fueron sacrificados debido a complicaciones médicas.
La despedida publicada en Facebook rápidamente se llenó de comentarios de personas que recordaban haberlos visto entre las ruinas mayas o durante visitas a Chichén Itzá.
Muchos usuarios incluso los describieron como los “guardianes mayas” del sitio arqueológico.
Más allá de convertirse en personajes queridos entre turistas y trabajadores, “El Wero” y “Tomasita” terminaron representando algo mucho más grande durante la pandemia: compañía en medio del aislamiento y calma en tiempos inciertos.
José Antonio escribió que, durante las noches más difíciles del confinamiento, los perros fueron quienes lo acompañaron mientras el mundo parecía detenerse.
Hoy, aunque ya no recorren físicamente los senderos de Chichén Itzá, cientos de personas aseguran que los famosos lomitos guardianes siguen formando parte de la memoria y el corazón del lugar.