
Después de más de un siglo sin registrar una nueva especie dentro de este grupo, científicos aseguran haber descubierto que el famoso pingüino papúa en realidad está dividido en cuatro especies diferentes.
Y aunque a simple vista parecen idénticos, vientre blanco, lomo oscuro y manchas claras alrededor de los ojos, su ADN cuenta otra historia.
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El hallazgo fue publicado en la revista científica Communications Biology y ya está causando revuelo entre especialistas en conservación animal y cambio climático.
Durante años, los científicos consideraron al pingüino papúa como una única especie con algunas variaciones regionales.
Pero la investigación liderada por la ecóloga Jane Younger, de la Universidad de Tasmania, encontró diferencias genéticas muchísimo más profundas de lo esperado.
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Todo comenzó hace una década, cuando Younger analizaba ADN de distintas poblaciones de pingüinos en la Antártida y el Océano Austral.
Mientras especies como el emperador, rey o Adelia mostraban muy pocas diferencias genéticas entre regiones, los papúa parecían pertenecer a grupos completamente distintos.
“Era obvio que seguían trayectorias evolutivas diferentes”, explicó la investigadora.
El estudio propone dividir al actual pingüino papúa en cuatro especies independientes:
Para comprobarlo, el equipo científico utilizó:
Incluso realizaron expediciones para capturar ejemplares y recolectar muestras de sangre en distintas islas del hemisferio sur.
Más allá de cambiar libros de biología, reconocer nuevas especies de pingüino podría ser clave para protegerlas.
Actualmente, el papúa aparece en la Lista Roja de la UICN como especie de “menor preocupación”.
El problema es que algunas poblaciones sí están en riesgo… pero quedan “escondidas” dentro de una clasificación general.
Por ejemplo:
Si se reconocen oficialmente como especies distintas, algunas podrían entrar en categorías de amenaza o peligro de extinción.
El estudio también vuelve a poner atención sobre los efectos del calentamiento global en la Antártida.
Muchas especies de pingüino dependen del krill, pequeños crustáceos que viven cerca del hielo marino. Pero conforme el hielo desaparece, también disminuye su alimento.
Eso altera toda la cadena alimenticia.
Además, el aumento de temperaturas está modificando hábitats completos en el hemisferio sur, obligando a algunas especies a desplazarse mientras otras pierden territorio.
Aunque la investigación ya fue revisada por pares y publicada oficialmente, todavía falta un paso importante: la validación de los comités taxonómicos internacionales.
Ellos serán los encargados de decidir si las cuatro poblaciones propuestas serán reconocidas formalmente como nuevas especies de pingüino.