La neurociencia animal revela que las vacas forman amistades y recuerdan a sus enemigas
Las vacas no solo reconocen a sus compañeras de grupo. También crean amistades, sufren estrés cuando son separadas y pueden recordar experiencias negativas durante años.
Así lo confirman distintos estudios de neurociencia animal que están cambiando la manera en que entendemos la inteligencia de estos animales.
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Lejos del viejo estereotipo de la “vaca distraída” o “torpe”, especialistas en comportamiento animal encontraron que estos mamíferos poseen capacidades sociales y emocionales mucho más complejas de lo que se creía.
Las vacas sí forman amistades y extrañan a sus compañeras
Diversas investigaciones demostraron que las vacas generan vínculos sociales estables dentro de sus grupos.
De hecho, cuando son separadas de las compañeras con las que conviven habitualmente, presentan cambios físicos relacionados con el estrés.
Entre los efectos detectados están:
- Aumento del ritmo cardíaco
- Elevación del cortisol
- Nerviosismo
- Cambios de comportamiento
- Inquietud constante
Los niveles suelen estabilizarse cuando vuelven a reunirse con las vacas con las que mantienen lazos cercanos.

Sí, algo parecido a lo que ocurre con muchos animales sociales… y también con las personas.
Su inteligencia sorprende a científicos
Los estudios también revelaron que las vacas pueden reconocer rostros individuales, tanto de otros bovinos como de humanos.
Además, tienen memoria social a largo plazo. Eso significa que recuerdan interacciones positivas y negativas, identifican individuos familiares y reaccionan distinto dependiendo de experiencias pasadas.
En otras palabras: las vacas pueden recordar quién las trató bien… y quién no.
El caso de Veronika, la vaca que llamó la atención de la ciencia
Uno de los ejemplos más curiosos es el de Veronika, una vaca criada en Austria por el agricultor y panadero ecológico Witgar Wiegele.
A diferencia de millones de vacas destinadas a producción industrial, Veronika creció en un entorno abierto, con espacio y estímulos constantes.
Fue ahí donde comenzaron las observaciones que sorprendieron a especialistas en cognición animal.
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Según relató Wiegele, la vaca desarrolló conductas poco comunes para resolver problemas cotidianos. Entre ellas, usar ramas y objetos para rascarse de manera estratégica.
Las grabaciones llegaron hasta Alice Auersperg, investigadora de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, especializada en inteligencia animal.
El comportamiento despertó interés porque mostraba algo poco estudiado en vacas: capacidad de manipular objetos de manera intencional para resolver necesidades físicas.
¿Por qué normalmente no vemos este comportamiento en las vacas?
Especialistas señalan que gran parte de las capacidades cognitivas de las vacas pasan desapercibidas debido a las condiciones en las que viven millones de animales en sistemas de producción intensiva.
Cada año se sacrifican cientos de millones de vacas en el mundo y muchas viven en espacios reducidos, sin estímulos ambientales y con poca posibilidad de desarrollar conductas complejas.
Por eso, casos como el de Veronika permiten observar habilidades que normalmente no aparecen en contextos industriales.
La neurociencia animal está cambiando la percepción sobre las vacas
En los últimos años, la neurociencia animal comenzó a replantear cómo entendemos las emociones y la inteligencia de distintas especies.
Perros, cerdos, cuervos, pulpos y ahora también las vacas forman parte de investigaciones que muestran capacidades sociales, emocionales y cognitivas mucho más sofisticadas de lo que se pensaba hace apenas unas décadas.
Y sí, aunque todavía mucha gente las vea únicamente como animales de granja, la ciencia ya dejó claro que las vacas son capaces de crear relaciones sociales complejas, recordar experiencias y reaccionar emocionalmente a su entorno.
