
Puede parecer una coincidencia, pero cada vez son más los dueños que aseguran que sus perros se quedan atentos frente al televisor cuando aparece Bluey.
Algunos incluso se acercan a la pantalla, mueven la cola o siguen con la mirada a los personajes durante varios minutos. Y aunque la serie fue creada para niños en edad preescolar, la ciencia tiene una explicación bastante curiosa sobre por qué también resulta tan atractiva para los lomitos.
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Amanda Farah, especialista en entrenamiento y comportamiento animal de Best Friends Animal Society, explicó en una entrevista para People que existen varios elementos dentro de Bluey que, sin haber sido diseñados específicamente para ello, llaman la atención de los perros de forma natural.
Uno de los principales motivos tiene que ver con los colores. Aunque los perros no perciben el mundo como los humanos, sí tienen facilidad para distinguir especialmente los tonos azules y amarillos.
Y justamente esos colores predominan en Bluey, la simpática cachorrita australiana que protagoniza la serie. Esto hace que los personajes resulten mucho más visibles para ellos que otras caricaturas con paletas de colores más complejas.
Pero no es el único factor.
La especialista señala que los perros suelen perder rápidamente el interés cuando observan imágenes estáticas o con poca actividad. En cambio, Bluey mantiene movimientos constantes, líneas definidas y contrastes marcados que facilitan el seguimiento visual.
Además de los colores y las animaciones dinámicas, existen otros elementos que ayudan a mantener la atención de los caninos.
Los perros suelen sentirse cómodos cuando pueden anticipar lo que ocurrirá después. Algo parecido a cuando observan una pelota o un frisbee volando.
La serie utiliza movimientos repetitivos y secuencias predecibles que les permiten seguir la acción sin dificultad.
Las voces de los personajes tienen un tono alto, alegre y suave. Muy parecido al que muchas personas utilizan cuando hablan con sus mascotas.
Los perros suelen asociar esos sonidos con experiencias positivas, por lo que se sienten atraídos de forma natural.
Otro detalle interesante es el acento australiano presente en la serie.
Según Farah, los sonidos menos familiares pueden generar curiosidad en algunos perros, especialmente si están acostumbrados a escuchar siempre los mismos tonos y patrones de voz dentro de casa.
Uno de los grandes aciertos de Bluey es la duración de sus capítulos. La mayoría ronda los siete minutos, un tiempo que encaja perfectamente con la capacidad de atención de muchos perros.
Ni demasiado largos ni demasiado acelerados.
Además, hay un elemento imposible de ignorar: todos los protagonistas son perros.
La especialista explica que los caninos pueden reconocer siluetas, movimientos e incluso algunos gestos característicos de otros perros, aunque aparezcan representados en formato animado. Eso podría generar una especie de identificación visual que mantiene su interés durante más tiempo.
Así que la próxima vez que veas a tu lomito sentado frente a la televisión mientras pasa Bluey, quizá no esté acompañando a los niños de la casa. Tal vez simplemente encontró una serie hecha, casi sin querer, para captar toda su atención.