Un concierto para la posteridad; así fue el regreso de Deftones a Mexico
La noche del pasado 29 de marzo, el Palacio de los Deportes se transformó en una catedral del rock, donde el aire se espesó con la llegada de un estruendo visceral. Las frecuencias de Sacramento, California se colisionaron contra las paredes cuando los acordes de “Be Quiet and Drive (Far Away)” suspendieron el tiempo en la capital. No hubo espacio para la calma, solo para una catarsis colectiva que recorrió la columna de miles de fieles ahí reunidos con un objetivo: ver a Deftones en México. Foto: Clemente Ruiz.
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La noche en la que el Palacio de los Deportes de la Ciudad de México vibró junto a Deftones
Pasadas las 20:00 hrs, el legendario Chino Moreno emergió como un espectro que domina el caos, lanzando alaridos que rasgaron el velo entre lo onírico y lo puramente brutal. Con temas como “Diamond Eyes”, “my mind is a mountain” y “Sextape”, su voz funcionó como un péndulo que oscila entre el susurro sedoso y el rugido de la bestia más herida. A partir de aquí, la banda ejecutó cada nota con una precisión quirúrgica, inyectando adrenalina en un ritual que se sintió tan antiguo como necesario.

Uno de los momentos simbólicos de la noche, llegó con “Change (In the House of Flies)”. Aquí, cada acorde de la agrupación noventa funcionó como una estocada emocional. Recordándonos que el rock no solo sigue vivo, sino que está más furioso que nuca.
Con el paso del show, el setlist fluyó como un río de lava oscura, arrastrando las sombras de la noche hacia un clímax donde el volumen se volvió una presencia física. No se escuchaba música, se habitaba una frecuencia sagrada donde el dolor y el placer se confunden bajo el estrobo constante. Escenario idóneo para festejar los más de 25 años de White Pony (2000) y el reciente disco Private Music (2025).

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El momento de la locura absoluta
Ya entrando en la recta final del concierto, la marea humana se convirtió en un solo organismo vivo al estallar el riff de “My Own Summer (Shove It)”. De pronto, el “Domo de Cobre” se inundó de océano de brazos, gritos desaforados y mosh pits a diestra y siniestra. Las luces intermitentes bañaban los rostros sudorosos, revelando una devoción que ha trascendido las décadas y que habíamos visto por última vez en el Corona Capital 2025.
Al final, con el estallido crudo de “7 Words”, el Palacio de los Deportes quedó sumergido en un silencio ensordecedor que apenas permitía procesar la magnitud del impacto. Una vez más, Deftones dejó tras de sí un rastro de ceniza y gloria en México. Cerrando su gira por Latinoamérica y confirmando que su vigencia no es casualidad, sino un acto de resistencia emocional.
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