
The Lamb no pretende gustarte. Te captura. En un día nublado puede parecer frío, pero su calidez se muestra en el sabor. Entre azulejos blancos, luces cálidas y una estética a lo pub londinense, este local sobre la calle de Tabasco, ideado por Poppy Powell y Federico Patiño (creadores de Café Trucha y Marmota) demuestra que la gastronomía británica puede ser deslumbrante, abundante y reconfortante.
El valor de este lugar está en lo contenido: un espacio algo reducido, mesas de madera gastada, lámparas de vidrio que esparcen una luz cálida y paredes cubiertas con azulejo blanco que recuerdan a un pub del East End.
La paleta en caqui y verde opaco envuelve el lugar en un aire sobrio, elegante, sin pretensión. En una repisa alta hay botellas alineadas como soldados; le dan ese toque de taberna clásica. Y el bullicio suave de conversaciones crea un ambiente donde la tarde se estira a lo sabroso.
Si tienes suerte —como me ocurrió— y te toca uno de esos días grises, el efecto es inmediato: The Lamb se vuelve un puente entre la Roma y el Reino Unido. Casi que uno sale tentado a buscar un paraguas.
Algo que sorprende es la generosidad de las porciones. Nada de miniaturas conceptuales: aquí los platos se sirven bien puestos, con la seguridad de quien sabe que la buena cocina también alimenta el espíritu.
El Scotch Egg de morcilla es, quizá, la entrada más inglesa de todo el menú. Una esfera crujiente que encierra un corazón suave y especiado. El rebozado es ligero, la morcilla aporta profundidad y el toque de ketchup casero lo hace irresistible.
En mi visita me tope con Caracoles Tornillo como un especial del día. Una rareza. Servidos sobre hielo, con salsas de picor tenue y mostaza, son una experiencia más sensorial que gastronómica: hay que tomarse el tiempo para extraerlos, para descubrir su sabor salino, casi mineral.
El Fish & Chips confirma que aquí no se juega: una pieza grande, dorada, de fritura ideal que cruje suave en la boca. Acompañan unas papas gruesas, de borde crujiente y alma suave.
Como plato fuerte, el Steak and Guinness Pie. ¿Hay algo más inglés que un pay de carne estofada? Este es toda una declaración de intenciones. Un tuétano encajado en el centro anticipa un jugoso placer, el hojaldre es crujiente y el relleno delicioso.
La coctelería no busca reinventar la rueda. Aquí los clásicos se honran sin maquillaje: un Negroni equilibrado, un Dry Martini seco y directo, un Old Fashioned que respeta la tradición, un Vesper digno de Bond y un Manhattan que entra en esa categoría de “pide otro”.
Para quienes prefieren algo más ligero, el Earl Grey Spritz ofrece un respiro floral perfecto para las tardes tibias de la Roma. Elegimos un clásico británico: un gin and tonic y un tom collins. Refrescantes y bien ejecutados.
La carta de vinos, por su parte, está cuidadosamente curada: etiquetas de Francia, Italia, España y Alemania que realzan la experiencia sin imponerse. Hay blancos vibrantes para acompañar el pescado y tintos profundos para bailar con el cordero.
Si lo tuyo es la cerveza, debes saber que cuentan con cerveza artesanal de la casa, una IPA, una Porter y una Imperial Stout. Te recomendamos encarecidamente que si ordenas el Steak and Guinness Pie lo marides con la cerveza stout. Es una experiencia religiosa. Si lo tuyo con las lagers, ofrecen una línea de barril con lager o pilsner alemana.
Para rematar, el Eton Mess, postre clásico británico que aquí llega en una versión ligera, juguetona, que mezcla crema, frutos rojos y merengue desmenuzado. Un caos organizado con dulzor que no empalaga.
Si te vas por este postre, la sugerencia es acompañarlo con la cerveza stout de la casa. Rico espesor, rico sabor y 8% vol. alc. que no se sienten.
No basta repetir lo que ya otros dicen —y que ya se sabe—, The Lamb es un pequeño refugio británico. Es un rincón aparte, que hay que vivirlo. Un respiro que la Roma no sabía que necesitaba: sin imposturas, cálido sin exceso y contundente en cada plato. Un lugar para volver cuando se antoja un viaje corto sin salir del código postal, y cuando el apetito pide honestidad antes que pretensión.