
Hay celebraciones que no se miran desde la butaca, se viven con el cuerpo y el Día Internacional de la Danza de la UNAM es una de éstas. La festividad universitaria tendrá lugar el próximo domingo 3 de mayo, en una jornada gratuita de 10 horas continuas en el Centro Cultural Universitario, donde el movimiento será punto de encuentro, celebración y comunidad.
Bajo el lema Danzamos para encontrarnos, la edición DID-26 desplegará un circuito escénico simultáneo en ocho sedes del recinto universitario, entre explanadas, foros abiertos, el Salón de Danza y la emblemática Sala Miguel Covarrubias. La apuesta es abrir la danza como un espacio vivo, accesible y compartido, donde el público no solo observe, sino participe.
Más que una programación, la jornada se plantea como una experiencia expandida. Un mapa de cuerpos en movimiento donde conviven lenguajes escénicos, memorias colectivas y formas distintas de habitar el ritmo. El DID nos llevará de la danza clásica y contemporánea hasta prácticas folklóricas, expresiones urbanas, danzas de pueblos originarios, butoh, jazz y propuestas nacidas en el barrio, el programa hace visible la pluralidad que atraviesa a la danza hoy.
La diversidad también se verá en escena con agrupaciones universitarias y compañías invitadas. Estará el Taller Coreográfico de la UNAM; la Compañía Juvenil de Danza Contemporánea de la UNAM estrenará Cielo común, una pieza que explora los rituales nupciales como gesto simbólico de unión; mientras que la Cátedra Gloria Contreras activará Zona Fashion / Selfie, un taller donde el vestuario y la creación lúdica se cruzan con la experimentación corporal.
También se suma la Escuela Nacional de Danza Folklórica con Raíz que no muere, coreografía inspirada en la Danza de Diablos, una pieza que dialoga con las raíces vivas del país y con la persistencia de las memorias que se transmiten bailando.
Pero si algo distingue esta edición es su dimensión participativa. Ahí entra el Danzódromo, que tomará el Jardín Julio Castillo de 11 am a 5 pm con sesiones abiertas para cualquiera que quiera sumarse. Cada hora habrá clases breves para aprender pasos básicos y convertirlos en pequeñas coreografías colectivas. Entre los momentos destacados está el masterclass de Manyanga Como, quien compartirá pasos de danza afro moderna.
La clausura promete cambiar el pulso del día sin perder la cadencia. En la Explanada de la Espiga aparecerá Mexican Rarities, proyecto dedicado a preservar y reactivar la memoria sonora nacional desde vinilos, casetes y archivos digitalizados. Un cierre donde la escucha también se vuelve coreografía.
Más allá del festejo, la jornada propone algo más profundo: pensar la danza como una práctica de bienestar, identidad y pertenencia. En tiempos marcados por la fragmentación, la consigna de “danzar para encontrarnos” funciona como una declaración política y afectiva. Bailar aquí no es solo una forma de expresión: es una manera de tejer vínculos.