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Psicodelia en Ámsterdam: probamos trufas alucinógenas

Amsterdam trufas alucinogenas red light district
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Si digo Ámsterdam, ¿en qué piensas? ¿Van Gogh, el distrito rojo o marihuana? Hay otra experiencia en esta ciudad: las trufas alucinógenas.

No se trata de chocolates, son drogas alucinógenas que en Ámsterdam son legales y muy seguras de consumir. Te contaré cómo es la experiencia de probar trufas alucinógenas en la ciudad de la libertad.  

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¿Qué son las trufas alucinógenas?

Las trufas alucinógenas crecen debajo de la tierra, son como hongos pero subterráneos. Muchos argumentan que la sensación y efectos inducidos por las trufas y hongos alucinógenos no poseen alguna diferencia; sin embargo, en Ámsterdam es ilegal consumir hongos.

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¿Dónde consigues las trufas alucinógenas en Ámsterdam?

Debes ubicar una “smartshop”. No son como las coffee shops en donde venden marihuana en distintas presentaciones. Estos lugares se distinguen fácilmente porque la mayoría tiene una imagen relacionada con un hongo mágico animado.

Cuando entras verás desde pipas hasta bongs, pero lo que buscas está en el mostrador principal.

Aunque todo está regulado y es seguro consumir, te recomendamos buscar una tienda en la que el encargado tenga la paciencia y la disposición de explicarte cuáles son las intensidades y efectos de cada trufa. Esto para que tengas un mejor viaje, ya que si no estás acostumbrado a consumir alucinógenos, es mejor que empieces por algo leve.

En mi caso, cuando por fin encontré una tienda con un vendedor de confianza sólo me hizo dos preguntas: ¿Es tu primera vez? y ¿qué sensación quieres vivir: ver, sentir o ver y sentir? Para mi primera vez opté por ver.

Después de pagar €50 por la trufa, me entregó en una caja de plástico sellada una especie de nuez. El vendedor me dijo que no debía de comer 2 horas antes de ingerirlas para disfrutar el efecto completo y me recomendó un cigarro de marihuana en caso de que quisiera amplificar la experiencia. Al final le pregunté cuánto duraba el efecto. Él respondió que 5 horas. La verdad me asusté. Él lo notó en mi rostro y agregó: “Si sientes que el efecto es demasiado para ti, no te preocupes, consume dulces con mucha azúcar y en menos de media hora se bajará el efecto” Ojalá me hubiera acordado de eso más tarde.

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¿Qué se siente?

No, no vi dragones ni aparecieron duendes. Antes de ingerirlas me senté en una banca con vista a unas casas rojizas con fachadas angostas y con un patrón de ladrillos simétrico. Saqué las trufas y me las llevé a la boca. El sabor es difícil de describir, pero se parece al que queda en tu boca después de comer nueces. Estaba entre asustado y emocionado. Esperé.

Al pasar una hora… seguía sin sentir nada. Ya había pagado mis €50 y no pensaba desperdiciarlos así que fui a una coffee shop por un cigarro de marihuana. Me dirigí a la puerta giratoria y estaba a punto de entrar cuando me detuvo un policía. Me indicó que para entrar al lugar con puertas giratorias no debía girar tanto. Me di cuenta de que ya no necesitaba el cigarro.

Lo primero que llamó mi atención fue el suelo. Mientras escuchaba música, los tonos rojizos del suelo se avivaron y se tornaron cálidos, para luego convertirse en azules y fríos. Puse música y el espectáculo de 45 minutos del suelo fue increíble. Me emocioné tanto que grabé el suelo media hora para enseñarselo a mis amigos…(facepalm).


Empezó a llover y me dirigí al metro para ir a un parque cerca del hostal en el que me estaba quedando. Cuando entré creí que el efecto ya había pasado. Me senté y mientras volteé al frente sentía que despegaba. No estaba viendo nada nuevo, ni el vagón del metro se movía, pero la sensación que me daba la profundidad del cuadro del metro en mis ojos me hacía agarrarme del tubo del vagón como si mi vida dependiera de ello mientras unas personas mayores se reían de mi preocupación en el asiento de enfrente.

Para cuando llegué a mi destino, no importaba la dirección en la que mirara, el relieve, la profundidad y la perspectiva, todo era una experiencia. Lo colores dejaron de cambiar pero me sentía  como un bebé descubriendo sus manos. Las huellas digitales en mis dedos eran caminos que recorría en círculos sin cansarme.

Llegué a mi hostal 4 horas después de que sintiera los primeros efectos de las trufas y no sentía que fuera a parar pronto. Traté de dormir un rato pero alcancé a oír el trinar de unos pájaros en mi ventana. En mi viaje creí que los pájaros estaban tratando de comunicarse conmigo, pero que ellos hablaban demasiado rápido y por eso sólo se escuchaba su trinar. Después de una plática con los pajaritos de unos 40 minutos logré dormir.

Desperté como nuevo, sin ninguna sensación desagradable y con una historia qué contar.

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