
Después de 10 años, Rafael Lozano-Hemmer vuelve a México con Jardín Inconcluso, una exposición nocturna en el Museo de Arte Moderno donde el arte se activa con la voz, el cuerpo y la participación del público.
Después de una década sin presentar una exposición en el país, el artista mexicano Rafael Lozano-Hemmer regresa a la Ciudad de México con Jardín Inconcluso, una ambiciosa exposición nocturna e interactiva que transformará el Museo de Arte Moderno y su jardín escultórico en Chapultepec en un recorrido sensorial de luz, sonido y participación colectiva.
La muestra, que podrá visitarse del 11 de febrero al 25 de abril de 2026, marca no solo el regreso de Lozano-Hemmer a los museos mexicanos tras su exposición monográfica en el Museo Universitario Arte Contemporáneo en 2016, sino también una nueva forma de habitar el museo: de noche, al aire libre y con obras que dependen del público para existir.
“Vivir en el extranjero hace que uno idealice y romantice a su país”, confesó Lozano-Hemmer durante la presentación de la muestra. Radicado en Canadá desde hace tres décadas, el artista reconoció que volver a exponer en México tiene para él una carga emocional y simbólica especial.
Jardín Inconcluso es su primera exposición monográfica en un museo mexicano en 10 años, un lapso que, más que una ausencia, responde a los procesos largos y complejos que implican este tipo de producciones a gran escala. “Son obras que no son objetos, sino experiencias. Requieren tiempo, diálogo con la arquitectura, con el contexto y, sobre todo, con la gente”, explicó.
El título de la exposición no es casual. Para Lozano-Hemmer, lo inconcluso no es una carencia, sino una postura crítica: rechaza el cierre, la obra terminada y el control absoluto del artista.
“Mis obras se caracterizan por estar inconclusas y fuera de control. Dependen de la participación para existir, y eso puede resultar profundamente revelador. Delegar responsabilidad al público es una decisión conceptual, pero también política”.
Lozano-Hemmer mencionó en conferencia de prensa que odia el concepto de experiencia inmersiva. En contraste, prefiere el término inversivo, que se refiere a darle la vuelta a la relación tradicional entre obra y espectador, haciendo que la experiencia dependa de quien participa.
Las nueve instalaciones que conforman el proyecto responden en tiempo real al calor corporal, la voz, el pulso y el movimiento de las y los visitantes. Aquí, el espectador deja de ser observador pasivo para convertirse en activador de la obra.
Entrevista a Rafael Lozano-Hemmer: arte interactivo desde el corazón
Diseñada para recorrerse de noche, Jardín Inconcluso se despliega en la Sala Gamboa, el redondel y el jardín escultórico del MAM, creando un trayecto inmersivo que se vive con el cuerpo y el tiempo propio de cada visitante.
La entrada será escalonada, cada 15 minutos, para evitar la masificación y permitir una experiencia íntima. El recorrido completo dura entre 60 y 90 minutos, aunque cada persona decide cuánto tiempo permanecer en cada pieza.
Esta exposición forma parte de la serie Art Parcours, un formato de exhibiciones nocturnas en espacios naturales desarrollado por Antimodular Research, el estudio de Lozano-Hemmer en Montreal, con antecedentes en Estados Unidos y Medio Oriente.
Un dispositivo sensible a la radiación cósmica hace visible lo invisible: partículas que llegan desde el espacio exterior activan haces de luz que se mueven como un faro o radar. La obra conecta el museo con el cosmos y recuerda que la evolución —y la vida misma— depende de fuerzas que no vemos, pero que nos atraviesan constantemente.
El Aquelarre de las Tres Brujas: cena literaria surrealista inspirada en Carrington, Varo y Haro
Una monumental laringe suspendida recibe al público como una metáfora del cuerpo que habla y activa el espacio. La pieza convierte la voz en arquitectura y plantea al lenguaje como una fuerza física capaz de moldear la atmósfera y el recorrido del museo.
Una instalación digital generativa alimentada por poesía contemporánea en lenguas indígenas, creada en colaboración directa con sus autoras. Los textos fluyen como corrientes visuales en constante transformación, subrayando que estas lenguas no pertenecen al pasado, sino a un presente vivo y en movimiento.
Obra que consiste en una línea de luces dispuestas en forma de caracol y activadas por una cámara de vigilancia panorámica la cual proyecta, brevemente, los rostros de quienes transitan como metáfora y reflexión de la lógica depredadora de la cultura digital.
Un paisaje sonoro compuesto por 3,000 altavoces suspendidos en el espacio. Cada paso activa sonidos distintos —insectos, aves, voces, ritmos— creando una experiencia auditiva única para cada persona. Aquí, la atmósfera se convierte en una gran biblioteca de ecos y memorias.
Una calzada sonora que se construye y se disuelve con las voces del público y grabaciones históricas del acervo de la Fonoteca Nacional. Al caminar, las voces se activan como huellas luminosas, conectando presente y pasado en una experiencia colectiva de escucha.
Exposición de Japón en el Museo de Antropología con más de 100 piezas históricas
Una intervención sutil y respetuosa que dialoga con una obra de la colección del museo. A través de proyecciones fragmentadas, Lozano-Hemmer rinde tributo al pensamiento geométrico y experimental de Manuel Felguérez, activando la obra desde la mirada y el movimiento del espectador.
Latidos: la emotiva exposición inmersiva de Rafael Lozano-Hemmer
Cámaras térmicas registran el calor corporal del público, de las plantas y del entorno, transformándolo en visualizaciones dinámicas. La pieza revela cómo nuestra energía se dispersa en el espacio y cómo el cuerpo humano forma parte del paisaje natural del Bosque de Chapultepec.
Un campo de luces activado por los latidos del corazón de cada visitante. Al colocar la mano en un sensor, el pulso se registra y se suma al de quienes estuvieron antes, borrando el más antiguo. Una metáfora luminosa sobre la fragilidad, la memoria y la vida compartida.
“Estas piezas no existen si el público no participa. El arte es una excusa para crear comunidad, algo que tenemos que rescatar”, subrayó el artista.
Durante la conferencia, Lozano-Hemmer habló directamente sobre la diferencia entre presentar su obra en México y hacerlo en otros países, respuesta que surgió a partir del cuestionamiento directo de DÓNDE IR sobre cómo dialoga su arte con el público mexicano y por qué demoró una década en regresar a exponer.
“Aquí tenemos algo que no existe en muchos lugares: público. Hay jóvenes que quieren saber qué es esto, que se acercan sin miedo. Esa energía, esa curiosidad, es lo que más me atrae de México”.
Para el artista, la Ciudad de México sigue siendo un “faro” del arte contemporáneo, no solo por sus creadores, sino por la capacidad del público de apropiarse de lenguajes experimentales y convertirlos en experiencias colectivas.
MUAC reabre en enero 2026 con exposiciones de Marta Palau, Delcy Morelos y más
Lejos de una visión tecno-optimista, Jardín Inconcluso plantea una relación crítica y poética con la tecnología. Además, el proyecto incorpora medidas de protección ambiental: filtros UV en luminarias para no desorientar aves migratorias, uso de energía solar y sistemas LED de alta eficiencia.
“Trabajar en Chapultepec implica una responsabilidad enorme. No queríamos llegar al bosque a imponer tecnología, sino dialogar con él con respeto”, explicó Lozano-Hemmer.
Más que una exposición, Jardín Inconcluso es una invitación a reunirse, interactuar y escuchar al otro en tiempos de fragmentación. El regreso de Rafael Lozano-Hemmer a México confirma que el arte, cuando se vive en comunidad, sigue siendo una de las experiencias más poderosas que puede ofrecer un museo.