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Cafarnaúm: la ciudad olvidada: lo bueno, lo malo y lo feo

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De las pocas (si no es que la única) cintas dirigidas por mujeres que alcanzaron nominación al Oscar este año tenemos a Cafarnaúm: la ciudad olvidada, representante de Líbano en la competencia por el premio a Mejor cinta Extranjera.

La película muestra el terrible periplo de Zain, un pequeño de 12 años, refugiado Sirio, que vive en la extrema pobreza, y que decide demandar a sus padres no sólo por lo irresponsables que han sido en su crianza sino, literalmente, por haberlo traído a esta vida de pobreza y sufrimiento.

Mucho se ha dicho de esta cinta, la gran mayoría elogios por la crudeza de la historia y lo poderoso de sus actuaciones pero, ¿realmente es una buena película?, ¿merece estar nominada?, o pero aún, ¿su mensaje es congruente? Aquí te lo decimos.

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Cafarnaúm: la ciudad olvidada: lo bueno, lo malo y lo feo del filme nominado a Mejor película extranjera en el Premio Oscar

LO BUENO

La actuación de Zain Al Rafeea

Lo más destacado (y probablemente lo único honesto) de este filme, es la actuación absolutamente dolorosa, sorprendente y memorable del pequeño Zain Al Rafeea, quien se interpreta a sí mismo en esta película. Se trata (al igual que el caso de Yalitza Aparicio en ROMA) de un actor no profesional que además (a diferencia de Yalitza Aparicio) es realmente un refugiado Sirio y que hasta cierta medida vivió en carne propia la terrible experiencia que se narra en la película.

Zain es el único pilar sólido de esta cinta. Sin miedo a la cámara, transmite su determinación, dureza y coraje mediante un hablar rápido, una actitud dura frente a la lente y una mirada que lo dice todo. Cual si estuviéramos frente a un pequeño Alain Delon mezclado con un poco de James Dean, este niño lleva sobre sus hombros toda la película. Merecía, sin duda, ser nominado a mejor actor.

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La fotografía de Christopher Aoun

El principal narrador de esta cinta es la lente de Christopher Aoun, que todo el tiempo trata de emular a un documental mediante una cámara al hombro que además retrata una realidad atroz en imágenes con colores deslavados, encuadres siempre dinámicos, tomas aéreas, close ups sostenidos y en general un virtuosismo que resulta sumamente impresionante.

 

LO MALO

El mensaje fascista de la historia

La premisa fundamental de la cinta es que la gente pobre no debería tener hijos, y para ello expone el caso de Zain, un niño de 12 años cansado de ser usado por sus padres como un pequeño esclavo para que ellos sigan llevando una “cómoda” vida sin que le permitan al pequeño ir a la escuela e intentar salir de su pobreza. Mediante un juicio, Zain demanda a sus padres, literalmente, por haberlo traído al mundo, y los condena por seguir trayendo hijos a la vida.

Durante las dos horas que dura la cinta, la directora Nadine Labaki se empeña en mostrar un sórdido retrato de la pobreza sólo para probar su punto. Jamás menciona políticas públicas, corrupción gubernamental, o crisis económicas, lo suyo es convencernos de que la gente pobre no debería reproducirse justo por ser pobre. Increíble, por decir lo menos.

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La directora Labaki asegura que todo lo que se muestra en pantalla no es inventado, que ella fue testigo de todo: familias de 15 hijos, bebés encadenados para no tener que cuidarlos, niños tomando leche en polvo a cucharadas, familias enteras comiendo hielos con azúcar, amén de infantes siendo usados como pequeños mandaderos por unos cuantos centavos, y toda clase de desgracias que se puedan imaginar. El truco de la señorita Labaki es demasiado barato, estas imágenes no se muestran con otro propósito más que el de arrodillar al espectador, generar shock y lástima.

 

LO FEO

Lo feo es que la hayan nominado como Mejor Película Extranjera a una cinta sumamente tramposa, manipuladora, fascista y que al final replica lo que dice condenar: pone a un niño de la calle a actuar como niño de la calle sólo para probar que ése niño no debió nacer en primera instancia. Es uno de los usos más vergonzosos que se la ha dado al cine como herramienta de comunicación en mucho, mucho tiempo.  

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Escrito por: Alejandro Alemán